lunes, mayo 04, 2015

Llamando al orden sobre el cannabis de alta potencia / por Juan Daniel Gómez

http://javeriana.academia.edu/JuanDanielGomez
La legalización y reglamentación sobre el uso de sustancias psicoactivas es una línea de trabajo con la que se pretende controlar al mismo tiempo el lucro y beneficio y  el acceso. Uruguay intenta transitar ese camino.

Sin embargo los países que intentan implantar estas políticas, deben emprender una dinámica permanente de reflexión, ya estamos hablando de un mundo de conocimiento y prácticas muy dinámico. Los beneficios de hoy pueden ser peligros mañana y la manipulación de las leyes para uso y beneficio de unos pocos es un peligro para todos, si no vamos mas a fondo en los detalles y si no estamos atentos. 
Juan Daniel sostiene que el uso de sustancias "psicoactivantes" es tan antiguo como la misma conciencia humana. Será muy difícil pensar en una sociedad sin consumo de sustancias psicoactivas. Pero si se puede caminar por una línea de educación y reducción de daños, siendo mas conscientes y reflexivos. Este artículo de Juan Daniel Gomez PhD, nos pone en perspectiva y conduce hacia esta reflexión. 

Del mismo autor: 



Llamando al orden sobre el cannabis de alta potencia.

La representación social más común que emerge hoy en día acerca de la marihuana y sus efectos es que se trata de una “droga blanda”, prácticamente inocua, cuya disponibilidad y acceso para usos médicos y recreativos se debe legalizar.
Dicha representación, probablemente heredada de nosotros “los cuchos llamando al orden”, se apoya en la creencia inequívoca de que los efectos de la marihuana a corto, mediano y a largo plazo, se atribuyen a un solo producto fitoquímicamente estable, llamado genéricamente marihuana o cannabis.

También es inequívoca la creencia de que este producto, cuyas variadas sustancias activas o componentes secundarios en una dosis efectiva, produce en cada persona saludable no proclive a la dependencia, respuestas biológicas y comportamentales muy similares, así como parecidos efectos positivos y también negativos sobre la sociedad y el medio ambiente. Se sabe de los efectos de la marihuana sobre el estado de conciencia y sobre los sentidos (por ejemplo: cambios en la percepción del espacio y el tiempo, en la atención y la concentración, en la percepción de formas, sonidos y colores, entre otros), así como de sus efectos sobre las respuestas motoras a los estímulos corporales y del medio ambiente (tales como la letargia muscular, la baja velocidad de reacción, la coordinación disminuida, los múltiples fallos e imprecisiones en las respuestas motoras debido a juicios erróneos de apreciación o de criterio al estimar distancias, tamaños, pesos, posición de los objetos en el espacio, entre otros).

Se conoce también de vieja data que los fallos en la atención producidos por la marihuana influyen sobre la memoria y la capacidad de aprendizaje, al menos cuando se está bajo el efecto de una dosis personal. La gente también sabe que, en algunas personas aparentemente predispuestas a la enfermedad mental, la marihuana podría desencadenar paranoia y psicosis.
Hace ya más de treinta años se demostró que el consumo de marihuana reduce el recuento de espermatozoides en los varones.

Muchos ahora “cuchos”, en Colombia, disfrutamos en los sesentas y setentas (y con inusitada frecuencia bajo los efectos de un “cachito” o un “bareto”) de la música en festivales como Woodstock o Ancón, de los colores areniscos de Zabriskie Point en las afueras de Bogotá, de la naturaleza indomable del río La Miel en La Dorada, de salir a caminar, de acampar o de echar dedo hasta la costa, del arte pop y el movimiento plástico psicodélico, de la artesanía hippie, de la paz y del amor libre. De manera creíble y también con inusitada frecuencia observamos una alta supervivencia a los riesgos inherentes al consumo de los LSD de la época (casi siempre importados de Suiza y Estados Unidos sin aditivos venenosos para “rebajarlo”), y a los de los hongos alucinógenos (que desde entonces no han cambiado significativamente su composición fitoquímica).
Los riesgos también se hacían presentes en la marihuana de la época, aquella de las cepas de baja a mediana potencia, como la marihuana regular o “forcha”, cultivada artesanal e industrialmente en toda la geografía colombiana; o en la marihuana “punto-rojo” de los llanos orientales, o en la rubia de la sierra nevada de Santa Marta cultivada especialmente en los departamentos del Magdalena y la Guajira, así como en la marihuana “mango-biche” del Valle del Cauca.
El “llamado al orden de los cuchos” con experiencia y conocimiento consiste en pensar que es importante incorporar (a nuestras representaciones sociales sobre la marihuana y sus efectos, a nuestra cultura ciudadana y de cannábicos activos) nuevos hechos y evidencias que han permitido detectar riesgos importantes, y en generar dispositivos de acción técnica para reducir posibles daños asociados al consumo de marihuana de alta potencia o marihuana cosechada de semillas química y biológicamente intervenidas.

El primer paso consiste en incorporar, a nuestros imaginarios sobre la marihuana el hecho de que existen diferentesmarihuanas y no solo una, que sus diferentes composiciones fitoquímicas ocasionan distintos efectos biológicos y comportamentales sobre las personas, y que esto tiene consecuencias e interacciones muchas veces negativas frente a la sociedad y el medio ambiente.
Un segundo paso consiste en tomar consciencia a partir de la evidencia según la cual las marihuanas procedentes de semillas regulares (semillas macho y hembra que germinan sin intervención química por polinización pueden ser consideradas “drogas blandas”, mientras que las marihuanas procedentes de semillas obtenidas por autofloración o feminizadas (semillas macho y hembra o sólo hembra que germinan de forma artificial, manipulando variables medioambientales como la luz, entre otras, o mediante intervención química) han mostrado tener características muy similares a las de las llamadas “drogas duras.”
Finalmente, el tercer paso consiste en resignificar nuestras representaciones sociales acerca de la inocuidad de algunas marihuanas y sus productos, incluido el cannabis medicinal, que en ocasiones corresponden o son extraídos de sustancias de alta potencia o “potencia brutal”, tal y como la denominan los mismos productores y comercializadores de semillas modificadas biológicamente, quienes no la recomiendan para consumidores ocasionales (p. ejemplo, en el catálogo de semillas de Dinafem 2014. En: (www.dinafem.org).

Como se mencionó, existen muchas semillas regulares que se obtienen por la polinización natural entre plantas macho y hembra, que corresponden a cepas adaptadas a la geografía colombiana desde los años treinta del siglo pasado.
Desde los setentas, en Estados Unidos y Europa (en Holanda por ejemplo), se comenzaron a obtener biológicamente nuevas y muy diversas semillas resultantes de diversos cruces de cepas de ruderalis con sativa o índica, las cuales, al no depender del fotoperiodo y de otras condiciones ambientales, florecen rápida y automáticamente al llegar a cierta edad, lo que se conoce como autofloración. La autofloración se “mejora” a través de medios químicos y de la manipulación programada de diferentes variables ambientales, entre otras condiciones. Otra variedad inmensa de semillas procede solamente de plantas hembra que con el tiempo se hacen hermafroditas, es decir, que en condiciones críticas externas actúan a la vez como planta macho y como planta hembra fertilizándose a sí misma. Los dos últimos tipos de semillas (de autofloración y feminizadas) se obtienen fácilmente en Colombia y casi en todo el mundo.
La marihuana o cannabis ordinario contiene cerca de 2% a 7% de tetrahidrocannabinol –THC– (la sustancia activa primaria de la marihuana), mientras que las que se obtienen por autofloración o por procesos de feminización contienen entre18 y 24% de THC. Estas son las marihuanas de alta potencia, que además poseen menor cantidad de sustancias secundarias (pero no menos activas como el canabidiol o CBD).
En el cannabis ordinario, el equilibrio entre componentes es característico. En la actualidad se vende en Colombia, entre otras muchas marihuanas de mediana y de alta potencia, el cannabis tipo Corinto y el tipo Creepy (espeluznante, misterioso). Este último es una variedad holandesa modificada, más lucrativa y eficaz que la marihuana regular, la cual, de acuerdo con el diario alemán “Die Welt”, se paga diez veces más cara. (http://www.welt.de/vermischtes/weltgeschehen/article13486061/Kolumbianer-bauen-gruseliges-Gen-Cannabis-an.html ).

Entre las marihuanas de “potencia brutal” se encuentra la más vendida en el mercado del sur de California (EU), popular entre raperos, actores y demás personas consideradas mediáticamente importantes(ver catálogo dinafem de semillas en:(www.dinafem.org), conocida como OG Kush. Contiene 24% de THC y 0,2% de CBD, tiene una base genética en el apareamiento de la cepa Lemon Thai con otra llamada ChemDog.
La Original Amnesia también es catalogada como brutalmente potente, es la variedad feminizada holandesa más popular en los marihuana-coffeshops de los Países Bajos, conocida por las lagunas o baches que ocasiona en la memoria, lo que en neuropsicología y en neurología clínica se conoce como Amnesia Global Transitoria (o TGA por sus siglas en inglés).
Conocida por su altísima potencia, también está la Blue Kush, una yerba “cerebral y eufórica, no recomendable para usuarios ocasionales” (www.dinafem.org).

Tal vez la marihuana de alta potencia más consumida en Estados Unidos y en el Reino Unido es la Kush’N’Cheese, con 20% de THC y muy pocos cannabinoides secundarios.
Existe una variedad aparentemente exquisita proveniente de clones élite de alta potencia que domina el mercado de la marihuana hoy en día, tanto en Europa como en las américas. Su potencial de generar dependencia o adicción es tal que virtualmente ha acabado con el mercado del cannabis ordinario, y ha aumentado en más de 70% las anteriormente excepcionales consultas médicas, psicológicas y psiquiátricas asociadas al consumo o a los síntomas de abstinencia de marihuana de potencia normal. Entre una gran variedad de clones de élite se cuenta, por ejemplo, la combinación deStrawberry con Amnesia, la primera de base genética sativa mientras que la segunda de base genética índica.
Entre los efectos secundarios adversos atribuidos a las marihuanas de alta potencia se cuentan, para el 9% de los consumidores, el 17% de los que comienzan en la adolescencia y para el 25 a 50% de los que la consumen diariamente,alteraciones y retraso en el desarrollo cerebral, tales como deterioro de la conectividad funcional de las áreas prefrontales, hipocampo y circuito de la recompensa y, por lo tanto, bajo desempeño cognitivo (memoria, planificación e inhibición del comportamiento, atención, toma de decisiones, procesos perceptivo espaciales, memoria de trabajo y procesamiento de algoritmos numéricos, entre otros).
Estos efectos han mostrado relación estadísticamente significativa con consumo durante la niñez y la adolescencia, ya que el cerebro continúa en desarrollo activo, desde el período prenatal hasta aproximadamente los 21 años.
Finalmente, la evidencia indica que con el consumo de diferentes tipos de marihuana de alta potencia el sistema endocannabinoide presenta alteraciones tales como pérdida de receptores, hipo o hipermetabolismo de anandamidas, lo que puede ocasionar, entre otros, trastornos asociados con el sueño, el apetito, el miedo y las respuestas de defensa y supervivencia, la recompensa, el crecimiento óseo, los procesos respiratorios, vasculares, y los procesos inmunológicos que actúan contra el cáncer, los hongos, virus y bacterias.

La lección aprendida por los holandeses es una forma de llamada al orden de los más cuchos en regularización de la marihuana: “Considerar el cannabis de alta potencia como una droga dura servirá para controlar mejor la situación. Que el producido en Holanda tenga porcentajes tan altos de THC responde a los procesos de manipulación de la planta. Loscoffeeshops saben lo que venden y la responsabilidad es suya”, afirma el funcionario holandés Ivo Opstelten, quien además dijo que “si no se puede medir el THC que tienen los diferentes tipos de cannabis que se vende en los marihuana-coffeshops, se tendrán que cerrar los establecimientos” (http://www.lanacion.com.ar/1439916-do-de-marihuana).

Por Juan Daniel Gómez Dr. Phil (artículo construido con base en diversas fuentes).

Agradecemos a Juan Daniel por su generosidad al compartir este artículo.
Fuente: este documento es de acceso libre en: http://javeriana.academia.edu/JuanDanielGomez

1 comentario:

Juan Daniel Gómez Rojas dijo...

Cuchos somos los padres y madres, abuelos y abuelas, los y las mayores.